EFECTO MARIPOSA. Lo que pasa al otro lado del mundo.

Piip… piiip… 7 am, suena mi despertador “made in china”. Acostada en mi cama de origen sueco miro mi móvil, que fue diseñado por una empresa en California aunque fabricado también en China. Tengo prisa, no sé qué ponerme, abro mi armario y puedo escoger piezas de empresas procedente de A Coruña hasta tejidos de la India, pasando por atrevidos colores inspirados en África, todos perfectamente escogidos y colocados para mí en el perchero de alguna tienda española (o de algún viaje perdido) para que yo los compre. Pero antes, los diseñadores de mi armario se inspiraron en la moda que copiaron de otra cultura y mis vendedores encontraron un proveedor de materia prima en Latinoamérica que les dejaba los productos tirados, los compraron desde Europa y los enviaron en un medio de transporte americano conducido por un capitán alemán que tuvo a su mando a personal de más de 5 nacionalidades con inglés, español o mandarín como idioma común, pasaron la aduana de muchas fronteras y fueron inspeccionados por igual numero de leyes, se sometieron a la inclemencia de distintos climas y dejaron tras sí muchos fenómenos sociales (guerras, inestabilidad económica, discriminación) hasta que finalmente llegaron al país de destino, donde el precio final y venta de mi ropa se vio influenciada por la situación macro económica, mientras ese gobierno presta dinero, por ejemplo, a países como Grecia y vende su propia deuda a otros países europeos o de cualquier origen. Tus hábitos de consumo han condicionado todo un entramado de relaciones humanas y económicas dando origen a las ideas más geniales que han ayudado a alcanzar grandes mejores en nivel de vida de las personas a nivel mundial y, al mismo tiempo, las guerras se han hecho más frías y lejanas, los delitos se han sofisticado, el terrorismo nos ha condicionado y mitad de la población mundial no tiene acceso a los mismo “privilegios” que la otra mitad.

Comparado con décadas pasadas, el mundo hoy es un lugar mejor. Nuestra esperanza de vida ha aumentado, las distancias se han acortado y en constante evolución aprendimos como hacer realidad lo que antes eran meros “sueños”. Hoy, puedo cerrar un acuerdo con empresarios en México, conocer para criticar el gobierno de Venezuela, enamorarnos de alguien que esta en Alemania, solidarizarnos con el hambre de África y llorar por los crímenes de Siria, el tsunami de Tailandia o los terremotos de Chile y Haití.

Los grados de conexión se reducen, estamos cada vez más conectados.  Sabemos que hay 2 millones de españoles viviendo en diferentes países en 5 continentes aunque nos localizamos más en Argentina y USA. Y, que España acoge a más de 4 millones de personas de más de 100 nacionalidades según la ONU. Sabemos que nos encanta viajar y conocer nuevas culturas y que tenemos al menos 5 amigos de orígenes distintos. Alguna vez nos hemos enamorado de alguien que está lejos o de alguien que se va lejos. Nos acogemos a todas las fiestas extranjeras (Halloween, Carnavales, Santa Claus y hasta el año nuevo chino si hace falta) porque somos unos cachondos. Descubrimos el Jazz, la salsa y el rock and roll y hasta hacemos música fusión. No nos importa probar comidas que nos resultan extrañas así como tampoco sacar nuestro negocio a culturas que nos resultan extrañas.

Somos globales y hemos aprendido a pensar globalmente. Por eso, hay aproximadamente 140 millones de voluntarios en más de 37 países en el mundo que aportan entre un 3% y 7% del PIB mundial y que han conseguido salvar a más de 400 millones de vidas del hambre, guerras, pobreza y costumbres sociales injustas. Cada vez somos más los que marcamos la casilla “aportación a fines sociales” aunque aún no igualamos el número de los que realmente hacemos obras sociales. Hemos avanzado mucho, como decía nuestra esperanza de vida ha aumentado y nuestras ganas de soñar también. Donde los gobiernos han fracasado, los ciudadanos hemos conquistado.

“El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” (proverbio chino).

Sin embargo, queda mucho por hacer y todo por demostrar: La mitad de la población mundial sigue condenada por la pobreza; casi 1.000 millones de personas siguen siendo analfabetas; son miles las personas que mueren por ébola, paludismo o tuberculosis y aún no se ha encontrado cura al SIDA; consumimos sin parar y contaminamos sin pensar en las generaciones futuras, tampoco pensamos en nuestra generación cuando miles siguen sin tener acceso a agua potable o servicios sanitarios. La economía ha ganado la delantera a los derechos de las personas; las mujeres sufren fuerte discriminación social en África y Asia, y en América y Europa aún no ocupan igual número de cargos directivos que los hombres. Existen al menos 12 guerras vigentes en el mundo y más de 50 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares por algún conflicto armado o inestabilidad social.

Nuestros hábitos de hoy, lo que hacemos en el día a día, influye directa e indirectamente sobre lo que pasa en el lugar más recóndito del mundo.

Y, en este mundo caótico de relaciones humanas totalmente imprevisibles, ¿dónde estas tú?…   Ahora que sabes que el simple aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo ¿qué vas a hacer?

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